Don José de Espronceda nació en Almendralejo (Extremadura) durante el año de 1810.
Terminada la guerra con los franceses paso con su familia á establecerse en Madrid.
Desde muy niño manifestó sus aficiones á la poesía, y su primer
ensayo fué una oda para celebrar la victoria del pueblo de MAdrid sobre
los partidarios de Fernando VII, en 7 de julio de 1822, oda que admiró y
corrigió su sabio preceptor D. Alberto Lista, animándole para seguir en
el cultivo de las musas...
Fue Espronceda poeta de inspiración y de nervio, cáustico en la
sátira, y de mucho sentimiento en las composiciones amorosas, aunque un
tanto desaliñado; pero este mismo desaliño, era en él como lo fué en sus
inspiradores y émulos Shakespeare, Byron y Goethe, la veraz expresión
del genio libre.
(Del prólogo-biografía por J.A. del Real)
Ref. 8120
Autor: Espronceda, José de
Idioma: Español
Editorial: Imprenta Barcelonesa (Barcelona)
1882
13x20 cm.
317 páginas. Tapas duras con ligeras pérdidas (Ver fotos) Ilustrado. Muy buen estado.
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martes, 11 de noviembre de 2014
miércoles, 7 de mayo de 2014
1911. ASÍ PAGA EL DIABLO Trigo, Felipe
Ref. 7021
Autor: Trigo, Felipe
Idioma: Español
Editorial: Renacimiento (Madrid)
1911
11,50x18 cm.
249 páginas. Tapas duras. Muy buen estado.
Autor: Trigo, Felipe
Idioma: Español
Editorial: Renacimiento (Madrid)
1911
11,50x18 cm.
249 páginas. Tapas duras. Muy buen estado.
lunes, 17 de marzo de 2014
1921. EL MÉDICO RURAL Trigo, Felipe
Ref. 6869
Autor: Trigo, Felipe
Idioma: Español
Editorial:Renacimiento (Madrid)
1921
12X18 cm.
347 páginas. Tapas duras, algunas anotaciones a tinta de la época. Buen estado.
Luego que ganaron el puerto tornaron a ver el sol, que declinaba en un dilatadísimo celaje de oros y de púrpuras. Era una infinita sábana de nubes avellonadas, color de sangre, finamente festoneadas por la luz del astro y que se prendían a él, dejando a la derecha un claro cielo verde de nitidez maravillosa. Debajo abríase la enorme extensión ondulada de los valles, perdiendo en dorada niebla la fronda de sus dehesas, de sus olivares, de sus viñas, de sus huertas y sus tierras de cultivo. Un río, allá en el fondo, reflejaba en sus serenas tablas las lumbres del crepúsculo, y no muy lejos de la falda de la sierra veíase un caserío agrupado en torno de una torre cuya esbelta caperuza de pizarra parecía también saludar con sus llamas de reflejo a los viajeros.
-¡Palomas! -se apresuró el Cernical a indicar-. Velayí el pueblo, que paice que se toca con la mano. Pues tavía no hamos andao ni la mitad.
Lo miraron todos desde dentro.
-¡Que pequeño! -opuso Nora la primera.
Y Jacinta y su marido, extasiados por el hermoso panorama comentaron:
-¡Que bonito!
-Chiquirriquitín -cedió el carrero-, sí, qué concho, que lo es; pero a güeno y a bonito no hay por to er contorno quien le gane. Ahí van ostés, don Esteban, a viví lo mesmo que en la gloria. Ni enfermos que curá va usté a tené, que apuesto yo que no haiga más salú ni onde la crían!
Autor: Trigo, Felipe
Idioma: Español
Editorial:Renacimiento (Madrid)
1921
12X18 cm.
347 páginas. Tapas duras, algunas anotaciones a tinta de la época. Buen estado.
Luego que ganaron el puerto tornaron a ver el sol, que declinaba en un dilatadísimo celaje de oros y de púrpuras. Era una infinita sábana de nubes avellonadas, color de sangre, finamente festoneadas por la luz del astro y que se prendían a él, dejando a la derecha un claro cielo verde de nitidez maravillosa. Debajo abríase la enorme extensión ondulada de los valles, perdiendo en dorada niebla la fronda de sus dehesas, de sus olivares, de sus viñas, de sus huertas y sus tierras de cultivo. Un río, allá en el fondo, reflejaba en sus serenas tablas las lumbres del crepúsculo, y no muy lejos de la falda de la sierra veíase un caserío agrupado en torno de una torre cuya esbelta caperuza de pizarra parecía también saludar con sus llamas de reflejo a los viajeros.
-¡Palomas! -se apresuró el Cernical a indicar-. Velayí el pueblo, que paice que se toca con la mano. Pues tavía no hamos andao ni la mitad.
Lo miraron todos desde dentro.
-¡Que pequeño! -opuso Nora la primera.
Y Jacinta y su marido, extasiados por el hermoso panorama comentaron:
-¡Que bonito!
-Chiquirriquitín -cedió el carrero-, sí, qué concho, que lo es; pero a güeno y a bonito no hay por to er contorno quien le gane. Ahí van ostés, don Esteban, a viví lo mesmo que en la gloria. Ni enfermos que curá va usté a tené, que apuesto yo que no haiga más salú ni onde la crían!
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